La situación de las carreteras federales en Jalisco es crítica. Expertos advierten que la Federación enfrenta una falla sistémica en la gestión y mantenimiento de su red carretera, donde la falta de conservación periódica —que debería realizarse al menos cada tres años— ha permitido que problemas superficiales se conviertan en fallas estructurales profundas.
De los 2,196 kilómetros que componen la red federal en el estado, únicamente se atenderán 167 kilómetros, es decir, apenas el 7.6% del total. A este ritmo, tomaría 13 años dar mantenimiento completo a toda la red, considerando que la vida útil de los trabajos realizados es de tres años. En otras palabras, cuando los tramos recién reparados comiencen a deteriorarse nuevamente, el resto de la red apenas estaría entrando en turno para recibir atención.
Con esta estrategia, las carreteras se degradan tres veces más rápido de lo que la Federación planea rehabilitarlas.
La insuficiencia presupuestal tiene consecuencias graves. El pavimento no se deteriora de forma lineal, sino exponencial: cada año de abandono multiplica el daño y eleva los costos de reparación. Hoy, gran parte de la red federal en Jalisco ya no requiere mantenimiento rutinario, sino rehabilitación estructural profunda o reconstrucción total, procesos que pueden costar de tres a cinco veces más que una conservación periódica.
En este contexto, los 340 millones de pesos recientemente anunciados resultan simbólicos y técnicamente ineficientes. Representan, en la práctica, parches sobre una base agotada. Si las carreteras no son reconstruidas correctamente, estos recursos equivalen —como advierten ingenieros viales— a “pintar los baches de negro con un poco de asfalto”.
Costos que paga la gente
La llamada austeridad federal tiene un costo tangible: lo absorben los usuarios. Jalisco es un hub logístico nacional, con alto flujo de tecnología, bienes de consumo y productos agroalimentarios. El mal estado de sus carreteras encarece la operación de transporte por el incremento en consumo de combustible, desgaste de refacciones y pérdida de tiempo en traslados.
Estos sobrecostos, además, se trasladan al precio final de los productos. Pero el impacto no es solo económico: las carreteras federales se han vuelto peligrosas. Las fallas en la superficie de rodamiento reducen la fricción necesaria para maniobras seguras, elevando el riesgo de accidentes.
En síntesis, la falta de inversión no solo afecta la competitividad del estado, sino la seguridad de quienes transitan por sus caminos. La austeridad federal en Jalisco se paga con los amortiguadores de millones de vehículos y, peor aún, con vidas humanas.




































